Septiembre.
No es cosa del lugar, es cosa del cuerpo;
la piel que nace manchada se queda así.
Cuanto desearía hoy ser lagarto al sol
y mudarme
y con mis propias uñas arrancarme la piel y mutilarme la cola de los miedos (que digo yo que se tendrán que esconder en alguna parte)
y dar lugar a otra cosa -no tan distinta- pero nunca iguales.
A diario, no tendría que ser así.
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