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Mostrando entradas de noviembre, 2023

Hoy, jueves.

Ganas de ser otra cosa. Ganas locas, desatadas, rabiosas, enfadadas. Ganas de llamarme por otro nombre, despertarme en otros ojos y tocar una piel distinta. Ganas de decirme soy pero no soy ya nunca. Porque llegará el día en que algún otro te escriba o mis palabras dejen de importar tanto.

El concepto de la suerte.

Para soñar hay que tener las manos libres. Y también para llorar los sueños.  Y si a mí se me ató aquí en el momento en que nací...  El como tú - como yo no lleva a ningún sitio salvo a morderse los codos. Y ahora que no me animo ni me atrevo a soplar los dados.  ¿Qué hago? Si aún con las ganas en los ojos se me caen los párpados.  La suerte está en verse las manos (libres).

Demasiado tarde.

Tengo la sensación de perderme en los espacios grandes y a su vez no encontrar confort en los pequeños. Siempre buscando camino por la puerta de atrás, aprendiendo a desencajarme por encajar. Demasiado mayor para soñar y demasiado joven para hacerle frente a los miedos.  Sigo sin llamar a la puerta correcta. Y estoy harta también de ser olvidada o sentirme así. Y es que con estos dedos maltrechos no se puede sentir. Puede que nunca nadie diga nada pero yo escucho, aunque tal vez sea demasiado tarde. 

Please be happy (suena I Know It's Over - The Smiths)

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No sé qué me pasa que siempre estoy buscando algo candente entre las manos. No importa, si inverno o verano, las manos buscan por igual.  Gran empeño en que se produzca el contacto: vapor humeante de una taza y ceniza de cigarro matinal.  Las manos buscan. Y la búsqueda no más que deja un callo de escritura y el amarillo propio del tabaco. Y los dedos dicen: aquí yace un cigarro y entre otras cosas el deseo reconfortante del hogar.  Ay, que si las manos buscaran ser felices o dejaran de buscar.  Pero no más que buscan en el lugar equivocado. Y los dedos dicen: please be happy.

Si no fuera podría ser.

Si no fuera podría ser. Tendría entonces poder de decisión o el magnetismo del amor y las cosas grandes. Tendría la libreta vacía de todas estas letras orquestadas por un sufrimiento viejo y nato. Tendría la capacidad de redimirme y redimirnos del pecado, de las lágrimas y de muchos miedos que se me han cruzado, llevándome por delante sin vacilar. Si no fuera podría ser, sigo pensando en ello. En cuántas son las horas que llevo siendo y en cuántas más seguirán al reloj pasando el tiempo. No estoy para nada segura de querer ser o de no quererlo. Pero me gustaría al menos tener el poder de decir basta.