Enero.
Semanas raras. Me escucho decir la vida es así y ya está
pero no me escucho. Sigo soñando los pies en caliente.
En la cocina, la cuchara sopera sigue limpia. No toca garganta. De madrugada me parece oírla rogar que me cuide el cuerpo.
Mientras tanto yo, me alimento de esta cosa que me duele
y en la casa donde nunca sobraba el pan, ahora la bolsa cuelga con la barra entera siempre.
No rebaño las sopas. Y todo ¿por qué?
Me duele la barriga desde diciembre.
Llevo unas semanas raras. Con un vacío que no se nutre, con un agujero que no cierra.
Estoy tentada a enhebrar una aguja y tragármela
y arreglarme como si fuese un pantalón.
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