Felices próximas fiestas (supongo).


La edad no perdona: es lo que me preparo para escuchar alrededor de la mesa. Queda claro, es inútil expresar con palabras lo que ya expresan por sí los labios.

Enfrente y arrugados, cargados con la nostalgia del pasado. Acumulando las comisuras el peso de los años, las tazas de café que nos hemos tragado y los cigarros.

El tiempo invisible a los ojos; va y viene por los labios.

Ya es tarde para mí

Me gustaría pronunciar en alto porque parece que en esta esquina nadie nota los ojos o las arrugas que el tiempo deja en los labios.

Ya es tarde para mí

Y todos ocupados hablando de lo intrascendente o dejando que ocupen las vajillas chocando los espacios.

Si pudiese solamente volver al principio. Pero la edad no perdona.

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