El meollo de la cuestión siempre son las tripas.
El amor es una devoción mal gestionada. Regalarse la muñeca izquierda confiando en que mi mano derecha cubra las espaldas.
Irremediablemente nacida para sentir, aunque vista el corazón en la garganta.
Las sobremesas me recuerdan que no todos somos iguales: los tipos de café, las formas de sentarse y el hambre voraz de pedir el postre cuando realmente no quiero nada.
Soy por ser y también por llevarme muchas veces (demasiadas) la boca a las entrañas.
Solo las lámparas de techo saben que hay cosas que no perdonaría.
Comentarios
Publicar un comentario