MI PARTICIPACIÓN EN EL "NON VIOLENCIA ACTIVA FEST".
Nota al pie
Hola, soy Alba MAC, autora de los textos que has podido o que a continuación vas a leer.
El primero de ellos Cartas a la ignorancia, forma parte de mi libro BUZÓN NEGRO. Relatos de madurez, una compilación de textos poéticos acerca del crecimiento, el período joven adulto y las dificultades de madurar en un mundo destinado al fracaso y repleto de violencia.
En Cartas a la ignorancia, transito por emociones como la rabia, la tristeza, la culpabilidad o la impotencia de tener que lavarme unos pecados que no me pertenecen.
El segundo texto, Por mirar: culpable nace a consecuencia de mi participación en este proyecto. Desconozco la razón de referenciar siempre la doctrina católica cuando hablo de esto, aunque supongo que todo viene de ese mandamiento "Amarás al prójimo como a ti mismo" que me recuerda que aquí ya nadie se abraza.
Con Por mirar: culpable busco cumplir un objetivo claro y póstumo: el alivio de que se me recuerde, aunque culpable con los ojos, siempre con las manos limpias.
Cartas a la ignorancia
Queridos inhumanos;
Me fui desenamorando a medida que crecía y se iban escondiendo las sonrisas por enseñar los dientes.
Yo, que todavía en mi instinto conservo el amor por lo que respira.
Cómo ignorar el instinto de protección animal que moja los ojos al ver los pecados pasar y cometerse. Esos que tanto leen sin promulgar. Comulgan sin cumplir. Defensores de la moralidad cristiana y entre tanto, hacedores de la fechoría más vil.
Malogrados nuestros destinos y caminos; malogradas las almas que nos rodean incapaces.
Lotería de los sueños rotos; pidiendo por vivir y todas las cosas que nos tocaron.
Es inhumano sentir. Es inhumano vivir de ahora en adelante.
Que yo no pueda pedir fruta en la montaña, no me culpéis.
No me culpen a mí. Por favor, no se me culpe.
No me corresponde lavarme estos pecados.
Fragmento de BUZÓN NEGRO. Relatos de Madurez.
Alba MAC.
Editorial Talón de Aquiles.
Por mirar: culpable
No sé bien que deciros. Hace rato traigo por el mundo el alma a los pies.
Se me abre un hueco. Se me abre solo por estar y también cuando respiro.
Se me abre un hueco si camino y también cada vez que lloro o cada vez que sonrío intentando olvidar (nunca lo consigo).
Perdón, hace rato he dejado de tener heridas para ser: una brecha desde el ápice de la cabeza a la punta del pie.
Me duele. Y no me deja de doler. Y aun así despierto los ojos confiando si mañana podrá ser.
Pero nunca es.
Somos un instante, un instante y nada más. Bañando los recuerdos en rojo y humedad para la posteridad.
Somos un instante, ¡y qué instante, mamá!
Tengo que confesarme. Hincar las rodillas, juntar las manos y lavarme.
Confieso: la desesperanza es mía, pero a mí no me pertenece la sangre.
A quién quiera que sea que viva más tarde, tenéis que saber: tengo las manos limpias pero los ojos son culpables.
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